Conmemoración del 80º aniversario de la muerte del arquitecto Ramon Argilés y Bifet
A pesar de que el Arxiu Municipal no conserva el fondo personal del arquitecto Ramón Argilés y Bifet, que se encuentra en el Archivo del Colegio de Arquitectos de la demarcación de Lleida, siempre se ha mantenido una estrecha relación, puesto que el Arxiu se encuentra en el Palacio de la Paeria, edificio que restauró el arquitecto como ganador del concurso municipal de 1929. El Archivo de la ciudad precisamente conserva toda la documentación generada por el concurso: las bases, los anteproyectos, el proyecto ganador y toda la documentación generada en la gestión de la reconstrucción del antiguo palacio.
Ramón Argilés y Bifet nacía en Lleida un 5 de noviembre de 1898, en el número 6 de la calle Democràcia. Argilés estudió en el Instituto de Segunda Enseñanza de Lleida. Se matriculó en la Escuela Superior de Arquitectura de la ciudad condal y se convertiría en arquitecto el 13 de agosto de 1924. Fue profesor de la Escuela Superior de Arquitectura y llegó a ser jefe del Servicio Técnico de Edificios Culturales del Ayuntamiento de Barcelona. Ramón Argilés, a pesar de vivir gran parte de su vida en Barcelona, siempre estuvo muy ligado a su ciudad, sus amigos y familiares explicaban que nunca estuvo más de diez días seguidos sin volver a su querida Lleida, fuera por temas profesionales o por asuntos familiares. Su vínculo era tan fuerte que sabemos que nunca tuvo una vivienda propia en la capital catalana, quizás creyendo que de este modo mantendría más sus raíces en nuestra ciudad. Durante los diecinueve años que ejerció su profesión, llevó a cabo casi 500 proyectos, su gran mayoría en tierras leridanas, pero también por toda Cataluña y, en menor medida, también en la Estado. En 1929 ganaría el concurso para la reconstrucción del palacio de la Paeria, la obra que lo marcará el resto de su vida y por la que la ciudad siempre le recordará en una placa que se encuentra en la entrada del Palacio, en la escala noble. Como arquitecto novecentista e historicista, defendía un arte más autóctono y próximo a la población, seguramente con la intención de recrear una arquitectura local propia que la hiciera más singular. Quizás por eso cuando le preguntaron si era partidario de conservar la fachada medieval del Palacio no dudó y dijo: "La fachada de la Paheria que hemos heredado de nuestros antepasados tenemos el deber de respetarla y la obligación de conservarla, y como herederos que somos no podemos malograr esta herencia". La plaza de la Paeria y los edificios de su alrededor llevan, sin duda, su huella, y recorriendo el sótano, los bajos y la planta noble del Palacio uno se puede llegar a imaginar como de orgulloso se debió de sentir aquel 14 de abril de 1932 cuando su gran obra fue inaugurada. Moriría afectado de una miocarditis el día de Navidad de 1943, en la prematura edad de 45 años.